Gente, Viajar
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¡Ay qué dedo gordo!

¡He ido a bailar! ¡De verdad! Y eso que mis conocimientos de salsa son más que pobres. Cuando años atrás fui a Cuba, dije a cualquier pretendiente que me quería sacar a bailar: „Me hecho daño en el pié, lo siento!“ Hasta que llegó un profesor de matemáticas delgadito y una cabeza mas bajo que yo para borrar mis inconvenientes con un solo movimiento de mano y levantarme de mi silla. A pesar de una falta remarquable de peso corporal llegó a hacerme entrar con solo dos pasitos en una tormenta de movimientos y volamos sobre la pista como si fuese el baile de valses de la opera de Viena. Cuando después de tres bailes me encontré de vuelta en mi plaza, mis amigas me miraban con asombro. „¡No sabíamos que sabías bailar tan bien!“ Yo tampoco. De eso hace anos y ahora me encuentro en un bar original en medio de la capital de provincia León de Nicaragua y música de salsa caliente empieza a sonar. A los primeros cuatro galanes aún puedo parar con picardía, hasta que un indiecito delgadito aparece y enlaza con mi experiencia cubana. Me lleva y empieza sin más. Estoy sorprendida! Parece pertenecer a una especie peculiar de genios de la danza, que logran catapultar bailarinas tan poco dotadas como yo al cielo de la salsa de una. Ahora la fila de bailarines no se corta y sus comentarios acompañantes llegan de „Relájate!“ hasta a „Déjate de llevar de una vez!“ y solo pienso, el pequeñito, el primero, no ha tenido necesidad de decir nada! De golpe noto un dolor tremendo. Alguien me ha pisado el pié! El día siguiente el segundo dedo del pié izquierdo, o sea el dedo índice, está inchadisimo. Raúl – un guía turístico con quién he contratado una excursión la mañana siguiente – se ocupa de mi. „Allí solo ayudan las hojas del mango! Es una receta de nuestros ancestros,“ explica y corta algunas de uno de los tantos arboles de mango que nos rodean. Me acompaña a mi hostal y mientras yo me arreglo, las pone a hervir en la cocina de la comunidad a fuego lento. Un poquito de sal, un poquito de paciencia. Pide a la muchacha una crema que no puede faltar en ninguna casa nicaraguense y cuyo nombre no recuerdo. Es un medicamento milagroso parecido al bálsamo de tigre que cura a cualquier enfermedad existente y no existente, y se aplica de cualquier manera posible e imposible: se extiende, se inhala o se traga! Con las hojas ablandadas envuleve el dedo índice al que antes ha puesto cariñosamente el bálsamo, lo asegura con una benda a la que aplica otra vez la crema para al final cerrar la obra de arte con una tirita. La misma noche logro a salir en la cima del volcáno Masaya del minibus y andar hasta el borde del cráter. Dos días mas tarde la hinchadura desapareció. Venga, vamos a bailar la salsa!

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