Gente, Viajar
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El Paraíso es ahora

Nicaragua

En el Café de la Luz no hay ni una mesa libre. Pido una cerveza nicaraguense Tona y me apoyo a la barra, detrás de la cuál un pequeño barman de pelo negro, con sus – aquí típicos – demás kilitos causados por tanto arroz con frijoles (que ya me buscan a mi también…) me regala una sonrisa un tanto ávara. Delante mía veo una señora sola, leyendo un libro. Cuando pide la cuenta, me acerco rápidamente, antes de que otros ocupen la mesa y le pregunto: „Permiso? Puedo sentarme aquí?“ Su acento castellano me revela que es española. Una viajera, pero no de los típicos mochileros que se ven en Estelí. Lleva 4 anos en carretera. Dos anos Asia, después dos meses en casa y de nuevo fuera. Australia con el visado work and travel: cosecha de manzanas, clases de español, cocinar, limpiar casas. Estamos a punto de decirnos Adiós, cuando le pregunto: „Usted tiene algún plan para el futuro? Un deseo específico?“ Lo niega. „La vida es ahora, he dejado de pensar sobre el futuro.“ Me despierta aún mas el interés. „Debería Usted escribir un libro sobre su viaje y su filosofía!“ No le parece para nada. „Anoto las cosas solo para mí. No hago nada excepcional. Viajar es mi día a día.“ En este momento de escribir estas líneas se va la luz de un segundo a otro. Ya lo conozco de ayer. Fiable como siempre se enciende el generador y apesta el aire como si un camión antiguo estuviese en el patio con el motor encendido.

Oscuridad negra sobre Estelí.

„Que significa escribir para Usted?“ insisto.

„Tengo que escribir cada día, es una necesidad interna“ responde la enfermera que acaba de cumplir 40 anos. Conozco este sentimiento, para mi vale la frase Escribo ergo soy. „Entonces cumple Usted con el requisito más importante de ser una escritora,“ le digo. „Cuál fue el momento inicial para su gran pasión de viajar?“ Después de un momento de silencio: „Soy viuda.“ Se casaron cuando tenían treinta anos. El sueno de una vida Hasta-LaMuerte-nos-separa. El sueno de tener hijos, encontrat la felicidad familial. Poco tiempo después se le diagnosticaron un tumor maligno en el cerebro. „Y Usted lo cuidó hasta su último día?“ Me mira con sus ojos grandes, cuyo color no puedo distinguir en la oscuridad del café. „No, así no se le puede llamar. Hemos ido este camino juntos, nos enfrentamos juntos a la enfermedad. Si, a veces fue cruel: cuando le cambiaron toda la sangre. Cuando los metastasis le llegaron a la cervicál y se quedó en la silla de ruedas. Pero también nos reímos!“ Cuando falleció, ella se encerró durante en casa. No dejó entrar a nadie. Hasta que un día se acordó de lo que los dos habían leído en una guía de viajes sobre una reserva natural en Àfrica. „Si existe un lugar que merece ser llamado el Paraíso en Tierra, es este, úbicado en un cráter, poblado de una infinidad de plantas, árboles e animales que no existen en otro lugar, con sus propios manantiales, su propio microclima.“ Al acto se compró un billete de avión. Viajó a Africa. Si pudiera llegar a encontrar alguna huella de su amado marido, tendría ques er alli, en el Paraíso. Cuando llegó a la reserva natural, encontró un lugar idílico, pero ni huella de su gran amor. Su esperanza secreta de verlo alli en alguna forma, como aparición, como fantasma, de por lo menos sentirlo, se esfumó. „En este instante terminó mi duelo. Entendí que ya no estába más aqui y lo acepté.“ Tomó la decisión de despedirse del pasado, dejar en paz el futuro y disfrutar cada sencillo momento. Desde entonces está en carretera y con un incansable angel de guardia a su lado.

 

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