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Historias de suspense en la prisión de tortura

Como cazadora y coleccionista de cuentos tengo que ir naturalmente a visitar el Museo de las Leyendas en León, Nicaragua! Qué concepto, un Museo para lo inmaterial, lo intocable, lo inverificable! Qué se pone en las vitrinas? Parte del tesoro de cuentos de ese continente mágico del cuál se sirvieron y se sirven Gabriel García Márquez e Isabel Allende y muchos más compañeros escritores menos famosos? A las ocho en punto estoy delante de la puerta del edifico, la primera y única visitante. En la entrada veo un tanque oxidado y justo cuando empiezo a pensar cuál leyenda se debe esconder tras él, mi mirada descubre una placa que dice „Antigua prisión de tortura de la dictadura de Somoza.“ Me asusto. Me he equivocado y eso es el Museo de la revolución? Pero ese se encuentra arriba en la Plaza! Un guía indígena, que siempre se sonríe, financiado por el museo, me da una vuelta privada, que está incluida en el precio de 50 córdobas que es menos de 2 dólares. Luz aclara la oscuridad. Érase una vez no hace tanto tiempo, una Señora llamada Carmen, a la que le apasionaban las anécdotas contadas en León y pueblos alrededores, hecho que la llevó a mandar a construir muñecos en tamaño humano, que representaban a los protagonistas y ocupaban poco a poco toda su casa. La presencia de estos seres de fantasía, frutos de la superstición tan común de por aquí, no debe haber sido siempre muy confortante, ya que se trataba más bien de historias de miedo. Si el espíritu de una novia en su traje blanco manchado de sangre, el cura sin cabeza, la hechizera con una iguana en su brazo, el cazike asesinado por los conquistadores, el cobrador de impuestos español malísimo o La Llorona, que tiró su bebé español al río para tirarse después para morir los dos y que hoy día busca a los recién nacidos para hacer sonar su llanto espantoso. Todos ellos vivían en paz con Dona Carmen hasta un día ya la casa no daba a mas y ella pidió auxilio al alcalde de León. Sí le ofreció la prisión de tortura por el contexto, o si alguien llegó a reflexionar que las crueldades reales del lugar podrían ser aliviados por la variante un tanto mas leve de las crueldades imaginadas, no se sabe. Dona Carmen falleció mientras tanto y una muñeca de tamaño humano adorna una habitación solamente para ella. Al lado se ven su silla de rueda un tanto gastada de tanto usarla, y da testimonio de que la historia no es inventada, sino que ha surgido del mundo real, igual que la prisión de tortura.

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