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Rápido y furioso

Debería haberle preguntado el porqué de su frase publicitaria. Pero su carisma, la línea fina de su bigote, sus ojos en forma de almendras y el sombrero de cuero negro me impresionaron de tal manera, que la pregunta sólo me vino a la cabeza, cuando ya estaba de vuelta en el centro de Matagalpa. La primera línea del nombre de su empresa decía Clínica de zapatos. Estaba pintada a mano sobre una tabla de madera con dos agujeros por los cuáles colgaba de una cuerda. La tienda medía unos dos metros cuadrados justítos, era una chabola de chapa con ventana hacia la calle. „Cómo va el negocio?“ pregunté al gaucho. „Super bien!“ se reía. „Siempre hay muchísimo trabajo!“

Un nike de nino solito colgaba de una piola de la ventanilla, en el fondo se veían dos sandalias elegántes, aunque muy gastadas de mujer. „Me permite que entre?“ Me hacía entrar y me mostraba su equipamento. „Esta sierra es para cortar los tacones demasiado altos.“ Los otros herramientas no los pedía asignar, ni siquiera reconocer. Algunas cuerdas e alambres, si, un cúter, el resto parecía la mini colección de un messie. Pero él manejaba todo esto con magía y decía: „En vuestro país tiráis las cosas cuando están rotas, verdad?“ Tengo que admitir que me dió un poco de verguenza. Debería afirmar? Decidí por relativizar. „Pues no todo, no en seguida. También nosotros reparamos, pero no tanto, vosotros lo hacéis mucho mejor, mi respecto!“ Solo interrumpió su actividad para concederme una foto. El eslogan debajo de la Clínica de Zapáto decía Rápido y Furioso. Lo del Rápido lo entendí ahora. El hombre trabajaba con concentración y velocidad. Sobre el Furioso aún estoy pensando.

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