Cigarros, Viajar
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Una familia de cigarros – Plasencia

Tabaco

Upps, de golpe está todo oscuro, en el hotel y en la ciudad entera, por lo menos según lo que puedo apreciar desde mi balcón. Apagón de luces. El generador se enciende con tremendo gruñido, huele a humos de escape. Los trabajadores y miembros de la familia del hotel – que me parece viene a ser lo mismo – buscan a linternas y una chica joven ya me ha puesto un foco de esos que se usan para obras sobre mi mesa en la estoy sentada con mi computadora. „No, esto no pasa a menudo“, responde a mi pregunta. Para eso están muy bien preparados. Son las seis y media de la tarde, el sol se esfumó de golpe, en estas zonas del mundo eso va de lo más rápido. Los mosquitos me atacan sin piedad, a pesar de mi espray ultramatador que he comprado en Miami, después de haber leído con temor los avisos sobre la plaga de mosquitos en mi guía de viajes.

Dejo pasar el día en mi mente. Por la manana me vino a buscar el conductor de la fábrica de cigarros Plasencia y me llevó al barrio Rosario, donde una fábrica de puros sigue a la siguiente. Me recibe Sergio Octavio Torres, el responsable para los contactos internacionales. El edificio es de estilo colonial español, pintado de blanco con adornos de color amarillo. En la entrada se encuentra un sofá negro de Chesterfield y una mesa hecha de viejas formas de cigarros. Las salas de producción se agrupan al rededor de un patio interior con plantas verdes, en cuyo centro una fontana chapalea. Doscientos cincuenta hombres y mujeres están sentados de par en par y tuercen cigarros, una imagen que me inspira. En Cuba solo dejan visitar las manufacturas formando parte de una manada de turistas guiada con tanta velocidad como si pensarán que uno le pudiese robar todo el saber hacer con sus puros ojos. La familia Plasencia sin embargo es abierta y afectuosa y responden a cualquier pregunta con mucha paciencia y sabiduría. Lo que mas me impresiona es el gran número de fotos de sus cooperadores – no los llaman trabajadores – que adornan los pasillos y que dicen frases como „Me respeto, ya que soy una persona capaz y valiosa“ o „Tengo poder para triunfar“. La manufactura tiene su propio jardín de infancia, donde cuidan a los niños de 1 a 6 anos, su departamento médico y dan becas para estudiantes dotados para ir a la Universidad. Dando la vuelta por la manufactura Don Sergio saluda a cada uno de los cooperadores con su nombre.

„Tiene Usted un secreto para poder recordar tantos nombres?“ le pregunto al manager. Es que sé que son un total de 700 personas. El sonríe: „Cuando veo a alguien nuevo le pregunto como se llama, y ya. No hay cosa más bonita como ser llamado por su propio nombre, no es cierto?“

La luz volvió, después de media hora de oscuridad. Qué bien!

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